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May 23

Víctimas de El Mozote siguen esperando justicia y Corte Suprema reconoce pocos avances

imageFamiliares de las personas asesinadas en la masacre de El Mozote, en diciembre de 1981, siguen esperando justicia, pero dicen que la entrega de las osamentas de algunas de las víctimas por parte de la Corte Suprema es un pequeño avance en la reparación del daño ocasionado por las Fuerzas Armadas hace más de 34 años.

María del Rosario Sánchez estaba inconsolable. Recordar el asesinato de 24 miembros de su familia a manos del batallón Atlacatl del Ejército salvadoreño, en diciembre de 1981, le provoca un dolor que ella misma admite no puede describir, ni mucho menos controlar.

Parada, frente al ataúd que contiene dentro

de sí los restos mortales de uno de sus sobrinos víctima de la masacre de El Mozote y zonas aledañas, la llena de sufrimiento y no para de llorar.

“Trato de olvidar, pero no puedo”, dice María quien limpia de sus ojos y de sus mejías las lágrimas que expresan años de luto sin poder velar a una parte de sus seres queridos.

Ella sobrevivió porque su esposo la convenció de huir a un cerro cercano, pasaron cinco años escondidos ahí y se alimentaban de agua y dulce de panela. Pero días posteriores a la masacre regresó fugazmente al lugar y descubrió que sus sobrinos y muchos niños ya estaban muertos.

Al interior de las casas se evidenciaba

la masacre, y en las paredes, los soldados del batallón Atlacatl habían escrito varios mensajes con la sangre de las víctimas. María recuerda uno en específico: “Un niño muerto, un guerrillero menos”.

Guarda silencio un momento. Respira y trata de calmarse. Esas palabras las tiene grabadas en su memoria porque se escribieron con la sangre de un vecino suyo, que era un niño de un día de nacido.

“¡Qué sabía la criatura eso de ser guerriller

o!”, reclama ante la presencia de varios periodistas que escuchaban atentos su testimonio.

María dice que ya no contará más su historia porque es difícil para ella recordar un hecho tan doloroso, principalmente porque también en esa masacre mataron a su mamá.

A más de 30 años de lo sucedido, ella y demás sobrevivientes están en uno de los salones de la Corte Suprema de Justicia

(CSJ), donde se les entregaron los restos de varios de sus familiares asesinados, que fueron identificados por las pruebas de ADN que el Instituto de Medicina Legal realizó y son parte de las medidas de reparación que el Estado salvadoreño debe realizar con las víctimas, para cumplir con el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En total son 11 cuerpos los que se entregaron, de los cuales, son nueve niños y dos adultos. El magistrado de la Sala de

lo Constitucional de la CSJ, Florentín Meléndez, reconoció que la orden de la CIDH se cumple con tardanza.

“Debo reconocer que hay un trabajo muy lento, tenemos muy pocos resultados”, afirmó Meléndez durante el acto oficial de entrega de las osamentas.

La masacre de El Mozote es el nombre que recibe un conjunto de asesinatos contra la población civil cometi

dos por el batallón Atlácatl y que se ejecutó del 10 al 12 de diciembre de 1981, en los cantones de El Mozote, La Joya y Los Toriles, ubicados al norte de Morazán.

A nivel internacional y en varias publicaciones de medios de comunicación en el mundo se conoció en pocos días lo ocurrido. Rápidamente se supo quiénes fueron los responsables de las matanzas y durante la entrega de las osamentas en la CSJ, María insistió en señalar a los culpables.

“El batallón Atlacatl y el presidente que estaba, ellos fueron los responsables de todo eso y lo niegan (…) Hay unos que lo niegan todavía y Dios los sabe, Dios sabe que la mentira e

s mala; hay que hablar con la verdad”, señaló. Su voz se quebró y paró de hablar.

María del Rosario tomó asiento, el acto de entrega de las osamentas está por iniciar. Ya está más tranquila porque sabe que los restos de sus sobrinos los podrá sepultar y los tendrá en un lugar donde visitarlos dignamente. Ahora espera que en los próximos meses, con las exhumaciones que se harán en El Mozote, se identifique a su mamá y la pueda sepultar después de 34 años.

 

 

 

 

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